domingo, 16 de noviembre de 2014

Hay ascensores humanos
Y la piedad confusa de un perro guía.
Cualquier retrato insano
Y el olor de la lluvia
Se derrite en un nocturno tranvía.
El señor se hizo anciano
Y un trágico bufón de lejos venía
Arrojando un pantano
En la flor que se abría.
La cortina cerrada al mediodía.
Encuentro cotidiano:
La luna feminista y un policía.
El gris amor mundano
Cubrió las noticias.
Nicolás irrumpió en la sacristía.
Tan triste quedó el llano
Cuando la escarcha olvidó que allá había
Un hombre con dos manos
Que regaba y sentía;
Construyó un muro de cables un día.
Silenció hoy el viejo órgano.
Esta noche de palacio, el vigía
Oía al samaritano
Tocar melancolía.
La música lentamente moría.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Se debe a la conjunción de una cuerda de guitarra rota y una conversación acerca de un personaje oscuro el desarrollo de este micro relato.
Un músico que nunca había matado a nadie, por decisión espontánea, ahorcó con una cuerda, sin ni siquiera parpadear, a una mujer bonita en el parque. Las causas se desconocen, solo, alguien del gremio, que conocía por un ajeno al compositor, acabó diciendo que según los gritos, él, genio de la música con oído absoluto generó una nueva forma de crear escalas. Fue su única víctima. Después de apuntarla nunca más volvió a tocar un instrumento.

lunes, 3 de noviembre de 2014


El precio que hay que pagar.
El octavo mediodía silencia
Un ave aislada en los huesos, respira
Angustiada bajo piel.
Sus movimientos, quebraderos torpes
De hogares y orillas.
Angustiada, recela del no nombre,
De un violeta, aquí ausente,
Palpitando de frío.
Aún llevaba hoy el pálido reflejo 
De un volatinero gris moribundo
Que cayó por no verse,
Contrario a Narciso
Con miedo a las alturas subió al cielo 
Lo encontró bajó las aguas del río,
Bajo la propia vida.
Un ave pequeña vuela enjaulada
Preguntando por mí, dentro del cuerpo.
Mas, ¿Que había? ¿Fluidos? 
¿Sangre? ¿Dónde volabas pajarillo?
Cerca del yo enjaulado
Donde te oía cantar muy a lo lejos
Como desde un sueño.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Oías el sonido indirecto de los pájaros en su ausencia.
Conozco un temblor especial en los labios
Cuando
Sientes una mano
Encima de otra mano,
Las pieles y las arrugas;
Una mano en la mejilla
Paseando el dedo despacio sobre el lomo de una hormiga.

jueves, 30 de octubre de 2014

Una bolsa de basura cayó en la carretera del túnel. Los coches apenas podían ver la parte trasera del coche siguiente. Alguien, en el ayuntamiento, olvidó aquella mañana que había que encender las farolas. La bolsa negra se iba resquebrajando, repartiendo peladuras de plátano, comida, un juguete roto, un cepillo de dientes. Aquiles miraba desesperado el atasco. Levantó la vista sacando la cabeza afuera de la ventanilla y respiró el aire embriagado de ciudad. Una moto esquivó varios coches y se perdió en la luz al final del túnel. Miró el reloj y ya llevaba diez minutos dentro. Tuvo la sensación de los diez minutos exactos, era lo que él consideraba diez y no, como otras veces se decía, que fueran diez min cortos y otras veces diez largos. Pensó en la boca del túnel y acto seguido en la muerte. Cuando se giró, en el asiento trasero, había aparecido de la nada una silueta parecida a la de un hombre. No era un hombre exactamente. Era un ser de otro mundo con forma humana pero que por supuesto no era hombre. Parecía más bien una sombra. Cuando la luz de afuera entraba, tomaba facciones más humanas. Ninguna persona regida a la ley de Dios podía darse el derecho de aparecer en el asiento trasero del coche. Se escapaba de la lógica y era esta, según el génesis, la primera ley creada. Afuera se hacía cada vez más oscuro. Aquiles, que nunca sentía miedo, hoy lo sintió. Solo estaba de camino, y aunque ahora había perdido totalmente la noción del camino, una voz quería hacerle recordar su objetivo. Volvió a mirar el reloj y no había pasado ni un minuto. Dubitativo, vaciló en dirigir su mirada extrañada en el espejo retrovisor. Cuando lo hizo, dos ojos rojos, enormes, igual que dos balones de fútbol, habían aparecido en la oscuridad. Recordó la luz al final del túnel y lo primero que pensó es estar muerto. Sin embargo, tras tomarse el pulso, sintió el alivio de seguir palpitando.
Quiero penetrar en la voz,
Ver la luz tenue
Que se disipa en la memoria.
La causa de su no yo.
Buscar al viajero huye de mi piel.
Ser la sombra
De Orfeo girándose
Hacia el lado opuesto que conocemos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Que maduraría hacia el absurdo
Como otras ramas crecieron hacia los cúmulos;
No entendía las palabras de los que hablaban.
Solo el traje perturbado que la última lluvia había traído.
Aunque la lluvia no vea
Y hacia abajo seres, los cristales negros
No hiciesen más que poner nombre y hablar muy alto
Palabras y palabras, algo oculto permanecía imperturbable,
Una gota hacia arriba que solo contempla
Y que suele bajar hacia dentro.
No comprendo el nombre
Fui yo quien creí
Que el creador fuese creado por lo creado
Y no al revés.
No es tristeza. 
No encuentro la definición del vacío que lloras,
El que te hayas ido de esta forma,
No lo encuentro.
Tienes que volver a existir en alguna parte.