El sonido de una caricia.
El ruido comienza y la noche,
La efervescencia de un golpe maestro
Crujido latir de voces humanas.
Simplifico tus ojos hasta lo tierno
Aplaudiendo, olvidándome,
Confundiéndome en ti,
Tu propia longitud dentro del cuerpo.
Atravesando el sonido, la voz,
Dividiendo los dedos
Escuchando la música perfecta
Que has dejado en mi mano.
Partiendo desde la piel hasta el tacto,
Portando solo tus ojos que ascienden
Hasta el interior de un instante.
Unos ojos donde poder tocarte y
Después imaginarme los silencios
Soñados que no he tenido contigo.
Tan poco tiempo, lugar, hora.
Tan poco, tan poco, tan,
Del sonido breve de una caricia.
domingo, 15 de febrero de 2015
martes, 10 de febrero de 2015
Allí, en el saco
iluminado por el sol dentro del granero bajo el calor del verano que agradaba a
las moscas y molestaba a los animales, embriagando el ambiente de serrín y
madera, se encontraba erguido y con los pies a un metro del suelo en el pequeño
espacio de la sombra, donde un pequeño respiro de frescor aún permanece
enfriando los hierros oxidados del viejo arado, el cuerpo de Judas.
lunes, 9 de febrero de 2015
Los ojos centelleantes de la noche
Abrigan el lento latido
Del ser que habita bajo mi boca.
Pálido en el recuerdo
De un erizo sibilante;
La música de mi otro yo
Que mira triste en el lugar más silencioso y apartado
De las huellas dactilares.
Y no he dormido aún las cenizas tiernas
Que lloran en la fragancia oculta de las flores.
Mientras vuelven a nacer los desnudos pasos
De un olvidado rey que a media noche
Llama a las maderas frías de las casas.
Abrigan el lento latido
Del ser que habita bajo mi boca.
Pálido en el recuerdo
De un erizo sibilante;
La música de mi otro yo
Que mira triste en el lugar más silencioso y apartado
De las huellas dactilares.
Y no he dormido aún las cenizas tiernas
Que lloran en la fragancia oculta de las flores.
Mientras vuelven a nacer los desnudos pasos
De un olvidado rey que a media noche
Llama a las maderas frías de las casas.
sábado, 7 de febrero de 2015
Hoy me encuentro tan difícil y hombre,
Forzando la tristeza.
Como si confiar en la suerte
Fuese cosa de locos.
Y bajo hasta la noche
Y encuentro allí acurrucadita
La estrellísima carne
De hablar a mi corazón lluvioso;
Goteando en la calle, tan olvidado.
El olor de Febrero,
En una habitación sin muebles
Mira a la estrellísima
Deshojarse en su lucero del alba.
Lo desnudo de la canción opuesta,
Lo que nosotros escuchamos.
Y oyes sondear allí el reloj
De alguna habitación dentro del pecho
Y una pila bautismal
No quiere estarse quieta;
Arranca la voz de la luna
Y llora por la ventana algún nombre.
Forzando la tristeza.
Como si confiar en la suerte
Fuese cosa de locos.
Y bajo hasta la noche
Y encuentro allí acurrucadita
La estrellísima carne
De hablar a mi corazón lluvioso;
Goteando en la calle, tan olvidado.
El olor de Febrero,
En una habitación sin muebles
Mira a la estrellísima
Deshojarse en su lucero del alba.
Lo desnudo de la canción opuesta,
Lo que nosotros escuchamos.
Y oyes sondear allí el reloj
De alguna habitación dentro del pecho
Y una pila bautismal
No quiere estarse quieta;
Arranca la voz de la luna
Y llora por la ventana algún nombre.
miércoles, 4 de febrero de 2015
Ya solo lo natural
Es lo que besa despacio y te humilla
Los bosques, ríos, el mar
Destruyendo páginas amarillas
Catástrofe y pena en sus florecillas.
Es lo que besa despacio y te humilla
Los bosques, ríos, el mar
Destruyendo páginas amarillas
Catástrofe y pena en sus florecillas.
Ya solo la soledad
Solitaria del pescador sin quilla
Qué perdido el litoral
Busca a tierra, sobrevive, vigila;
Guiado por la estrella llega a la orilla.
Solitaria del pescador sin quilla
Qué perdido el litoral
Busca a tierra, sobrevive, vigila;
Guiado por la estrella llega a la orilla.
Un naufrago ¡sí!, en mitad
Esperando el avión, a lo lejos brilla
Lo ves desde allí pasar
Quizás tenga bebida
Pero se va siguiendo su rutina.
Esperando el avión, a lo lejos brilla
Lo ves desde allí pasar
Quizás tenga bebida
Pero se va siguiendo su rutina.
domingo, 1 de febrero de 2015
Vino la raíz seca,
Los destinos humanos.
El silencio ha dado en los matorrales
La voz de la voz suya,
Lo que nunca se dice,
Una forma automática de engaño
Ocultos en pretérito inconsciente,
¿Como velar por tu nombre
Cuando los pájaros que de ti hablaban
Nunca fueron siquiera dichos?
Pronunciados en la boca del canto
Y recubiertos de voz
Hasta el olvido póstumo´de lo necesario.
Los destinos humanos.
El silencio ha dado en los matorrales
La voz de la voz suya,
Lo que nunca se dice,
Una forma automática de engaño
Ocultos en pretérito inconsciente,
¿Como velar por tu nombre
Cuando los pájaros que de ti hablaban
Nunca fueron siquiera dichos?
Pronunciados en la boca del canto
Y recubiertos de voz
Hasta el olvido póstumo´de lo necesario.
De lluvia está encendido el corazón negro de la noche;
El terreno desdichado y los oscuros pasos de la oruga
Caminando en trémula acción hacia lo externo de las palabras.
Agonizando, rompiendo la piel que visten.
No me pienses.
Desde los arroyos, desde las frías paredes de una ausencia aún alguien pronuncia mi nombre blanco;
Tan entregado y esparcido en formas sutiles
Que puede que haya perdido en encuentros,
Puede que ya no exista en el recodo apartado del ciervo uniforme.
El terreno desdichado y los oscuros pasos de la oruga
Caminando en trémula acción hacia lo externo de las palabras.
Agonizando, rompiendo la piel que visten.
No me pienses.
Desde los arroyos, desde las frías paredes de una ausencia aún alguien pronuncia mi nombre blanco;
Tan entregado y esparcido en formas sutiles
Que puede que haya perdido en encuentros,
Puede que ya no exista en el recodo apartado del ciervo uniforme.
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