martes, 5 de mayo de 2015

Con la crepitación del viento 
Se oyen alarmas de coches,
Bolsas en remolinos y terrazas caídas,
Se respira el vapor de la marejada
Y uno piensa en los balcones vacíos,
En las puertas, en los telefonillos,
Mientras el aire ardiendo ulula entre los arcos.
Porque el viento mueve árboles enormes
Y uno piensa en ese perro
Que en mitad de la carretera bloquea el tráfico,
En esa gente que lo persigue,
Y le silba cariñosamente para que no le pase nada
Y las jornadas llegan a fin y un personaje cualquiera
Cuando las horas del tránsito terminan
Mira las cajas de cartón volar y las señoras sujetarse el sombrero.
Y aquel perro sigue parado mirando una luz,
Mientras algo disturba a los barcos y a las señales
Que débiles casi ceden al huracán, despacio, implorando
Al cemento, al agua, al atraque.
Y hay terrazas donde dos borrachos se pelean.
Porque con la crepitación del viento
Los controles policiales aumentan
Y en cada casa las familias duermen tranquilas
Mientras afuera entre los álamos alguien ausculta el viento
Y oye su asma silbar en mitad de la calle.

domingo, 3 de mayo de 2015

Hay pétalos negros que se vierten en un instante futuro,
Royendo un cristal lejano
Viéndose el reflejo en una habitación de sol y cortina,
Y hablando con los párpados
Con la boca cerrada, el rostro de una luz 
Echando de menos este lado,
Y los pájaros cantando una canción triste
El día en que la lluvia se posa en su ala izquierda
En la hoja de un santo olvidado
O la bondad ajena de los rostros fríos de los parientes.
Porque hay pétalos blancos en todas las despedidas
Porque el silencio solo es silencio vivo entre los vivos
Y hay pétalos aunque una visita muy muy lejana
Se haya posado ya en algunos,
Porque la luna consigue enloquecernos de disparo
Porque no habrá un solo gesto que no sea de amor
Una mirada, una caricia lenta entre los ojos
Como dos palomas palpitando entre alas que se abanican,

Como cortinas blancas volando con una ventana abierta.

martes, 28 de abril de 2015

Rociábamos de jauría los hombros dislocados de los corazones
Porque aún éramos jóvenes corriendo
Y sal muera en una pupila ardiendo de noche,
Bailando, gritando de frío, rodeando el alba como si fuese negra
Hasta casi hacernos daño plácidamente;
Mutados, convertidos en extraños
Viviendo lentamente los dos días en que viven las mariposas
Y suspirando de tristeza en sus nidos.

jueves, 23 de abril de 2015

Un cero en la penumbra
de la leche cuadrada, 
reptando en la madera de los pisos,
en la noche del fresco portal,
donde cristales finos 

con sonidos de colores marrones
hacen agua en oídos de tránsito.
Y Llueve afuera el tráfico dorado
y llueven las lágrimas de neón;
una voz de recién nacido en puertas.
Algo existe, es algo, algo 

de punto y línea
angustiado de cada forma,
un ser que viaja por las carreteras 

construidas bajo los hombres.
Era en el cero, era y era.
no hay nada en una cálida nada de nacimientos,
cuando callan tus palabras y nacen 

sonidos ajenos de tu yo,
Como digo la O en el abecedario
O la equis futura de vírgenes nacidas.
Y anoche yo hablé con las periferias
y me fundí desde un abecedario 

agujero de vibraciones,
de ondas magnéticas, 
de calorías ardiendo despacio.
Solo el TOX inútil de una palabra 

que ya no tiene sitio
¿Cómo hablar del hueco vacío en puzzzzzles?
Del latido fluir del cerebro y un escaner.









Vivía tan solo que los castillos habían perdido su nombre
y en las ciudades, 
crujían las maderas con el peso de su sombra,
cruzaban los ciegos sin escuchar el pitido en los semáforos
y la luna emergía cada noche sin ningún motivo
y el sol salía, sin ningún motivo
Como un agujero en las hebillas de un minutero.




viernes, 17 de abril de 2015

Se ocultaba la lluvia
Al despedir el gato
Viajando entre los girasoles,
Miraba hacia la tierra
Y veía latir por dentro al gusano,
Reptar a la serpiente de humo
En un rostro de viento.
¡Y la tierra está maldita!;
Decía el campesino desde el llano;
Cogiendo un puñado de piedras,
Mirando la cosecha ennegrecerse,
Oliendo a cigarro y a hoguera.
Y los caracoles corrían
Eran formas angustiantes en el camino,
Y veían alejarse a la lluvia
Al ver a la tierra volverse negra
Y a los pájaros caer de las ramas,
Y alguien recordaba la rosa pálida
Que crecía en algún lugar del páramo
Como una tenue ilusión que vagaba 
Y nutría el corazón del hombre.


martes, 14 de abril de 2015

Se levantó para hacer pis. Había bebido demasiada agua durante la cena. Fue una cena realmente copiosa, repleta de sopas y fideos con mucha sal. Multitud de fideos nadando como peces en el fondo del mar, del caldo con burbujitas grasientas; tres platos en total que bajo malos cálculos de la sal, primero fue totalmente sosa y después pasó a convertirse en algo cercano a la muerte, fueron tragados a través del esófago, hasta por fin acabar bajo el influjo dictatorial de los fluidos gástricos, mientras las neuronas enviaban y recibían señales gustativas. Habían transformado totalmente el cuarto de baño. Bajándose lo justo el pantalón del pijama con el miembro en la mano arrastró un chorro proveniente del líquido acuoso que durante horas se había ido almacenando en la vejiga y pensó en el amor. El aire cálido del verano con olor a flores penetraba a través de la habitación, rellenando los orificios de las paredes, y el sonido sordo de los grillos campar a sus anchas entre las hierbecillas y olía a césped recién cortado y a noche plácida. Tras tirar de la cadena, abrió la ventana y contempló las estrellas. El cielo estaba despejado y aunque la contaminación lumínica impedía disfrutar del cielo nocturno en su totalidad supo distinguir tres constelaciones aprendidas durante su infancia. Se tiró un pedo. Apretó un botón del cual emanaba un vapor semejante al de las nubes con olor a lavanda y decidió volverse a dormir. Mientras bajaba una a una las escaleras del hostal alguien le detuvo. 
-Chs. Eh. Eh. Oye.
Escuchó a una silueta susurrar entre la oscuridad y levantó las manos de forma absurda, como si alguien le estuviese diciendo: “la bolsa o la vida”. 
-¿Estás ahí? ¿Tú que crees del que se aloja en la habitación de al lado? ¿Es un tipo extraño verdad? 
El señor, aturdido, no sabía que responder. Bajó lentamente las manos, sabiendo que la cosa no iba con él, o por lo menos que no pretendían atracarle y pasó de largo como si no hubiese escuchado nada. Haciendo un terrible esfuerzo por no tocar el suelo, atravesó lentamente el umbral de la puerta pretendiendo de esa manera que por no hacer ruido no iban a verle, ralentizó con los párpados el tiempo y sus ojos, acostumbrados ya a la oscuridad, sintieron el color rojizo de las alfombras y el granate acolchado de las paredes. Daba auténtica angustia permanecer allí, en ese pasillo.
-Eh. ¿No crees que no sea raro?
Continuó caminando a paso lento tratando de no hacer ruido hasta que sus pasos se vieron totalmente truncados por la pesadez del hombre. 
-¿Qué crees que por no hacer ruido no te voy a ver? 
El señor le miró, y respondió, con un tono de voz franco y seguro:
-Sinceramente no pretendo absolutamente nada con usted. En ningún momento he tratado de servir a su causa y por ello, por lo que me concierne, no quiero participar de ninguna manera en lo que usted me dice. Si algo me impide andar correctamente, es el hecho de que mi mujer esté ahí dentro leyendo la biblia y no quiero perturbar su silencio. No tengo ni la menor idea de quién es el señor que se aloja en la pared contigua a mi habitación ni quiero saberlo. En menor medida sí que me interesaría, si me permite, disculparle y dejarle a su recaudo la investigación. No trato con esto, como usted podrá comprender, de menospreciar su investigación, solo quiero cumplir las tareas que como marido me han sido impuestas. Verá, todas las noches, mientras la tranquilidad del hogar nos acompaña, mi mujer desde hace unos años lee la biblia. Por supuesto no creerá que seamos creyentes. Ni mucho menos. Ha sido un acto puramente repentino. Repite una y otra vez el versículo dedicado a San Pablo, capítulo que en este preciso instante, debido a la somnolencia y el cansancio que me acompañan no puedo recordar, sin embargo, que curioso es el cerebro humano que ya no lee sino que camina sobre las hojas recitando los versos de memoria. Es por ello que finge su lectura. Ya sé lo que usted piensa, es una costumbre extraña después de todo, pero se afana por intentar parecer normal. El hecho es que no cambia de capítulo. Yo, como marido, la observo una y otra vez repetir el mismo verso hasta que; fingiendo siempre que estoy escuchando y creyendo que realmente lee, quedo sumido en un profundo sueño que solo en los primeros rayos del alba, cuando el sol asoma su radiante cabeza por oriente, despierto y la veo con la falda medio subida y la biblia en la mano, dormida. Entonces, enciendo un cigarro y apoyado sobre el borde de la cama, permanezco pensativo y alarmado sobre el matrimonio. Con esto, querido huésped, le deseo suerte con su investigación. Un cordial saludo y que descanse.

domingo, 12 de abril de 2015

Se encendió la geometría abstracta de los cuerpos
Cuando ella y él, contemplados por el silencio de un pájaro volando en las altas esferas
Atisbaron la perfección del círculo agonizante,
Cayendo en un sinfín de interés desinterés humano
Hasta oír al silencio brotar dentro de sus cuerpos
Y entonces se miraron como dos extraños
Se visitaron en cada sueño profundo, en cada terror de la noche
En el espectro blanco que habita en el rincón más oscuro de las palabras
Y enmudecieron de corazón y animal,
De presente y juicio hasta siquiera reconocerse.