¿Como deshacerse del olvido?
Permanecer enjuagados
sin caer en el apático muro que nos sitia lentamente.
¿Como no caminar hacia la violencia del rayo?
¿Como no huir de la mordedura de la tierra?
si en el momento de nuestra muerte
un sacerdote nos dicta descanse en paz,
Y yo no quiero paz,
yo quiero reacción en cadena;
y huir, huir, sin respirar oxígeno,
huir hacia arriba, hacia el lugar del helio,
escapar del atomo carcomido
y que la lluvia me atraviese,
que las palmas me enseñen un baile caótico;
quiero extasiarme hasta el dardo humilde de la flor y el vientre,
quiero ser predicador de la noche nerviosa,
y el ruido de la rama quebrada por dentro del bosque.
¿Como no adorar la tristeza de un cuerpo desnudo?
si los copos de nieve
nos susurran que estamos aguantando como bestias a través de la piel.
Como no presentir el lugar opuesto,
y la reacción contraria,
si yo habito en ti,
y te voy encendiendo como un crepuscular llanto de estrella
y yo corro y tu me sigues
y tu corres y yo te sigo, hasta el final de la montaña.
jueves, 29 de octubre de 2015
lunes, 26 de octubre de 2015
No quiero servir de pasto en la noche larga.
He contemplado el retorno de los habitantes
que enmudecen bajo las cortinas
y el velo de un animal mágico dentro de un cuadro;
animales rodeados de fragancias,
de claridad,
de luz extraña.
He contemplado el retorno de los habitantes
que enmudecen bajo las cortinas
y el velo de un animal mágico dentro de un cuadro;
animales rodeados de fragancias,
de claridad,
de luz extraña.
Te llevaban hasta dentro de su mano
y en ella veías un halcón
que se posaba entre la imagen real y tu mente.
Había un bosque dentro de un reloj
por el que paseaban animales que vertían otros animales
y así sucesivamente,
y en el centro de ese reloj
un árbol enorme se detenía ante tu vista.
He visitado un sillón por el que las enredaderas
cubrían las almohadas,
y en cada pasillo una hora se repetía,
sucesivamente,
sucesivamente,
de forma que en cada habitación
un momento de tu vida quedaba reflejado en un espejo.
Después,
he salido a la calle y he visto
un perro y una tienda de libros,
una plaza y el mar enfrente,
pero desde mí,
con un sentimiento de pérdida,
como si la noche se hubiese posado
y yo solo, desde una montaña
viese a los hombres vagar inútilmente;
ciertos lugares me sirven de refugio,
y cuando todo esté cerca de la noche estricta,
cuando todo se sirva en forma de reflejo,
seré un cuenco vacío
por el que habrán resbalado como gotas
los espejos de una casa escondida dentro de un reloj gigante.
y en ella veías un halcón
que se posaba entre la imagen real y tu mente.
Había un bosque dentro de un reloj
por el que paseaban animales que vertían otros animales
y así sucesivamente,
y en el centro de ese reloj
un árbol enorme se detenía ante tu vista.
He visitado un sillón por el que las enredaderas
cubrían las almohadas,
y en cada pasillo una hora se repetía,
sucesivamente,
sucesivamente,
de forma que en cada habitación
un momento de tu vida quedaba reflejado en un espejo.
Después,
he salido a la calle y he visto
un perro y una tienda de libros,
una plaza y el mar enfrente,
pero desde mí,
con un sentimiento de pérdida,
como si la noche se hubiese posado
y yo solo, desde una montaña
viese a los hombres vagar inútilmente;
ciertos lugares me sirven de refugio,
y cuando todo esté cerca de la noche estricta,
cuando todo se sirva en forma de reflejo,
seré un cuenco vacío
por el que habrán resbalado como gotas
los espejos de una casa escondida dentro de un reloj gigante.
martes, 6 de octubre de 2015
Lost Highway.
He oído el colapso rendirse en la penumbra.
El teléfono suena y suena,
(No se oye,
es el mismo objeto al otro lado)
Un mueble, un yo en otro.
Amanece y la noche tiene vértigo.
El manantial de dunas extiende el día
Y el cobre nos engancha.
Tengo dentro del esternón un tambor
Y dentro de él una cuerda;
Por inercia suya las manos se mueven.
La línea en órbita.
He contemplado el animal caminar bajo el bosque pisando la nieve,
En el horizonte, la estación espacial arde,
Y hay fuego en el cielo.
Necesito de tus ojos,
Tus oídos y tu tacto,
Que estés cerca mío como tantas veces te he sentido,
Por eso me obsesioné con la distancia.
He oído la ceniza volar sutilmente sobre la madera.
Un teléfono suena.
¿Sí?
Soy yo, abre.
El teléfono suena y suena,
(No se oye,
es el mismo objeto al otro lado)
Un mueble, un yo en otro.
Amanece y la noche tiene vértigo.
El manantial de dunas extiende el día
Y el cobre nos engancha.
Tengo dentro del esternón un tambor
Y dentro de él una cuerda;
Por inercia suya las manos se mueven.
La línea en órbita.
He contemplado el animal caminar bajo el bosque pisando la nieve,
En el horizonte, la estación espacial arde,
Y hay fuego en el cielo.
Necesito de tus ojos,
Tus oídos y tu tacto,
Que estés cerca mío como tantas veces te he sentido,
Por eso me obsesioné con la distancia.
He oído la ceniza volar sutilmente sobre la madera.
Un teléfono suena.
¿Sí?
Soy yo, abre.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Hoy camino sobre esta tierra,
Camino, como quien no espera nada,
Siento la lluvia, siento el tiempo,
Y he tenido sueños raros,
Sueños en los que un chino jugaba a las tragaperras
Frente a los lavabos de hombres,
Y el suelo estaba sucio
Y sobre las pasarelas del comercio
Tú paseabas y me mirabas a lo lejos
Mientras yo me adentraba en los servicios
A través de un pasillo interminable.
La lluvia empapa mi pelo,
Moja la tierra y ni siquiera los pájaros lloran,
Ni siquiera los cuervos gritan,
Ni las nubes provocan una sombra de julio.
A lo lejos, se ve la ciudad,
Las luces desnudas convertidas en plomo,
Plomo negro que cae a través del esternón
Y llega hasta los ojos.
Frente a mí surge un nogal y un lobo,
Y el lobo aúlla a la primera estrella helada
Y la estrella le responde,
Con un canto que habla de los testigos
Que contemplan a lo lejos sus hermanas.
Mientras que el nogal,
Es solo una triste figura que hace caer sobre la tierra los frutos,
y que sobre él la noche resbala como lluvia,
como si un pozo nos apuntará desde la oscuridad
y disparase al azar los destinos.
Camino, como quien no espera nada,
Siento la lluvia, siento el tiempo,
Y he tenido sueños raros,
Sueños en los que un chino jugaba a las tragaperras
Frente a los lavabos de hombres,
Y el suelo estaba sucio
Y sobre las pasarelas del comercio
Tú paseabas y me mirabas a lo lejos
Mientras yo me adentraba en los servicios
A través de un pasillo interminable.
La lluvia empapa mi pelo,
Moja la tierra y ni siquiera los pájaros lloran,
Ni siquiera los cuervos gritan,
Ni las nubes provocan una sombra de julio.
A lo lejos, se ve la ciudad,
Las luces desnudas convertidas en plomo,
Plomo negro que cae a través del esternón
Y llega hasta los ojos.
Frente a mí surge un nogal y un lobo,
Y el lobo aúlla a la primera estrella helada
Y la estrella le responde,
Con un canto que habla de los testigos
Que contemplan a lo lejos sus hermanas.
Mientras que el nogal,
Es solo una triste figura que hace caer sobre la tierra los frutos,
y que sobre él la noche resbala como lluvia,
como si un pozo nos apuntará desde la oscuridad
y disparase al azar los destinos.
jueves, 24 de septiembre de 2015
Con serena pero inconstante
la cigüeña torpe construye
nido de nidos y nunca huye.
Se le cae un palo flotante
al agua en la furia del río,
río abajo baja el palito
de esta, la cigüeña distante
que abre sus alas, abre el pico,
suelta ramas, caen del nido
y nadan y acaban en el embalse
que allí bloquea las aguas del río.
Retrato lento un ciego.
Sube por la guarida.
Madriguera de cuervo,
a obstáculo en vida
no maldice su tiempo.
Escarba la noche y brilla.
Deshace las aguas, lo siento,
ojo permanece en vigilia,
ojo por ojo, no existe amnistía
que gobierne su nido ciego.
Su noche, espada y valentía,
este soldado tuerto
que camina y camina, día a día,
retándose en duelo,
por los caminos, día a día.
Sube por la guarida.
Madriguera de cuervo,
a obstáculo en vida
no maldice su tiempo.
Escarba la noche y brilla.
Deshace las aguas, lo siento,
ojo permanece en vigilia,
ojo por ojo, no existe amnistía
que gobierne su nido ciego.
Su noche, espada y valentía,
este soldado tuerto
que camina y camina, día a día,
retándose en duelo,
por los caminos, día a día.
martes, 18 de agosto de 2015
Algunas veces llegas a una ciudad
y miras los edificios ajenos
con mueca extraña.
Te acogen como en casa
y te arropan,
después te dejan entrar en el salón.
Acaricias los instrumentos,
los muebles, la madera,
hueles el olor extranjero de las plantas.
y te preguntan: ¿quieres algo?, pide lo que quieras.
Y tú,
con ojos huidizos
como si fueses alguien
que en mucho tiempo ha vivido entre caníbales,
desconfías de esa mano amiga;
pero te dice: tranquilo, no tengas miedo,
ya estas en casa.
y miras los edificios ajenos
con mueca extraña.
Te acogen como en casa
y te arropan,
después te dejan entrar en el salón.
Acaricias los instrumentos,
los muebles, la madera,
hueles el olor extranjero de las plantas.
y te preguntan: ¿quieres algo?, pide lo que quieras.
Y tú,
con ojos huidizos
como si fueses alguien
que en mucho tiempo ha vivido entre caníbales,
desconfías de esa mano amiga;
pero te dice: tranquilo, no tengas miedo,
ya estas en casa.
Algunas veces llegas a otra ciudad
y te encuentras con un lugar que no pensabas;
te miran como se mira a un amigo
y rompen las piedras que habías construido sobre tí,
y excavan y excavan y te sacan
y te quitan el polvo de los ojos
para que veas y te preguntan: ¿puedes hablar?
y te encuentras con un lugar que no pensabas;
te miran como se mira a un amigo
y rompen las piedras que habías construido sobre tí,
y excavan y excavan y te sacan
y te quitan el polvo de los ojos
para que veas y te preguntan: ¿puedes hablar?
Algunas veces la luz entra,
atraviesa los pasadizos,
los oscuros rincones,
los lugares que habitan en el interior de los nervios
y te abrazan.
Los sientes por dentro,
respiras como son,
ves que ellos también estaban ocultos en tumbas
y que aún no han muerto.
atraviesa los pasadizos,
los oscuros rincones,
los lugares que habitan en el interior de los nervios
y te abrazan.
Los sientes por dentro,
respiras como son,
ves que ellos también estaban ocultos en tumbas
y que aún no han muerto.
Algunas veces, de camino
piensas si de verdad la ciudad es negra,
si los pájaros son negros,
si el agua es negra.
piensas si de verdad la ciudad es negra,
si los pájaros son negros,
si el agua es negra.
Algunas veces, recuerdo,
que caía la tarde, las hojas marrones;
veías los portarretratos
y pensabas en la noche próxima.
Pero llegaba el momento de irse
y la ciudad a lo lejos brillaba,
como brillan las perlas de la lluvia en la canción
de Jacques Brel.
que caía la tarde, las hojas marrones;
veías los portarretratos
y pensabas en la noche próxima.
Pero llegaba el momento de irse
y la ciudad a lo lejos brillaba,
como brillan las perlas de la lluvia en la canción
de Jacques Brel.
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