martes, 21 de octubre de 2014

Cotidiano

Cotidiano.

Cada mota de polvo en silencio.
Los ascensores subiendo al ático.
Alrededor solo hay un grupo de personas
Haciendo fotos desde la azotea.
Una mosca se posa en mitad de la avenida.
El vendedor de rosas se ha ido porque
Ya no encuentra un camino claro.
El corredor de apuestas preside el espectáculo,
El oficio de ultramarinos no entiende el presente.
Alguien no conoce a quien saluda.
La estampa de algodón en las esquinas del escaparate
Focos rojos y verdes de navidad.
Una planta acariciada por la luz que parpadea.
El lugar afortunado de un periódico amarillista en el suelo.
Palabras cotidianas, una habitación en penumbra
Y la persiana a medio bajar. Entra un rayo de luz.
El granizo golpeando la ventana de la buhardilla.
Muebles apilados alrededor de un cubo de basura
Nadie mira el cambio de estaciones.
Ropa tendida, sábanas blancas.
De lejos se ven las montañas inundadas de nubes
Estoy en mi habitación, no sé si hace frío.
El sábado por la noche el tejado estaba lleno;
No había más que fotógrafos chinos
Rindiendo homenaje a una ciudad nocturna.
El tren llegando a la estación
Y las lámparas parpadeando en el vagón.
Un hombre de negocios perdido en su propia vida.
Hay un portal y dentro los azulejos empañados.
El suelo está frío.
Un atasco en mitad de la autopista
Una caída al aire libre de un paracaidista.
Los anuncios de publicidad pintados de graffiti,
El temblor de baja intensidad de un terremoto.
Anoche dicen que pudo haber llegado a sentirse.
Un titular de noticias en la tele,
A las dos empiezan los simpsons
Y el kepchup está guardado en la nevera. ¡Sácalo!
Quieta, posada vigila un águila desde el poste de la luz
Al lado los coches en la autopista viajan a gran velocidad.
La lonja con pescado y trabajadores del puerto,
Un chaval con gorra y pantalones de marca
Mueve los hombros con intensa superioridad.
La ciudad vista desde arriba en un plano a la salida de la estación.
Una pareja de turistas acaban de llegar felices
Y quieren visitar todo. Es lunes por la mañana.
Las tiendas de ropa venden la nueva temporada otoño-invierno.
El centro comercial abrió ayer domingo.
La red social guarda palabras de toda clase y nada.
Se ha levantado ventisca, es imposible ver el otro lado
Ya las nubes tapan las montañas. Es probable que mañana llueva.
Anoche no fui a misa. Llevo quince años sin pisar una iglesia.
Un nuevo titular en contra del aborto.
El bosque replantado después de un incendio.
Los caminos de las afueras por donde se levanta polvo.
El kilogramo para emitir el precio en la frutería.
La luz del sol entre dos nubes.
Suena la radio en la calle desde una ventana abierta.
Es un programa extranjero.
Las chimeneas ardiendo de una fábrica
El aire golpeando a una hoja y moviéndola en el vacío.





domingo, 19 de octubre de 2014

El cuervo mira el cuervo.

Hay una cornisa donde se arrojan al vacío 
Los servidores del otro lado. 
El cuervo mira el cuervo
¡Mira el cuervo!
El cuervo
Cuervo
Bate alas en un yo que no es.

Tiempo.

Sé que algún día caminaré hacia la tarde,
O de la tarde nacerá la noche,
O la mañana despertará el hielo.
Lo sé.

Solo.

Yo solo, 
Sí, allí en el cerrar de los párpados,
Donde acecha la oscuridad. 
Yo solo.

En casas frías de niebla.

En casas frías de niebla
Siempre resbalaba el suelo;
Y los silencios de la noche
Despertaban hasta el más sutil fantasma.
Escondían sus manos bajo el hielo de las pieles,
Allí donde nunca hubo nada.
Echo de menos el oleaje
La espuma blanca sobre los corales,
Y las tormentas, lejos en el horizonte.
Echo de menos la llovizna sobre la ciudad
Los semáforos en rojo,
Las sirenas de ambulancias
Echo de menos las sombras
Que caen con la noche
Que pasean en los parques.
Los cristales con gotas de agua,
Echo de menos el silencio de madrugada
El caminar sobre los charcos.
Echo de menos el perfume a aurora blanca
Y el tañer de las campanas
Sobre el mar inocente.
Echo de menos los pescadores
Que caen en la locura
Las noches que pisan tierra.
Los vagones de barcos mercantes.
Las desafinadas redes de lugares concurridos.
Echo de menos la soledad del alma
Y la angustia del griterío.
Echo de menos el canto de las gaviotas
Volar por la mañana en el puerto
Y el fango acariciar
Unas botas de goma.
Hoy me he acercado al mar.
He viajado por algunas grietas
Por algunos párpados
Por ciertos pájaros de angustia,
Y he caído en sus manos.
Huyo de cualquier día
Del paso violento de una tarde
De lo que se escapa entre mis dedos.
Me miro y no veo nada,
Un cuerpo sí, pero nada.
Voy borrándome en un espejo
Van tiñendo viejos amigos
De otros dos miles,
En un ápice de mi boca.
Ayer, anoche soñé mi muerte
Que me disparaban
Y lo grababan en video.
Voy a acercarme al mar
A mirarme en su espuma blanca
En su arbolito en el acantilado,
En su tarde roja, en su soledad
En sus pies de salitre.