Soy cobarde en las llamas de tu muro
Un muro ausente construido con la piedra de un nombre
Un nombre común rodeado de distancia,
Una distancia que aleja el vértigo,
Una mano tuya sintiéndola como mi mano.
Y tu voz y tu párpado y tu boca deslizándose en febril fragancia
En el aire que se respira más allá de pronunciarnos,
Más, más, mucho más,
Hasta leernos tristemente las pieles.
jueves, 18 de junio de 2015
miércoles, 17 de junio de 2015
Tengo a veces un permiso fatuo
En la nube del desánimo,
Y los lunes y los martes y los miércoles ordenando
¡Lo primero la vida!
Tengo a veces, que se yo,
Un suspiro sin técnica,
Una ceguera contemplativa
que alimenta pajarillos en la negrura de mis dos ojos.
Tengo a veces una caverna Platónica
Una luz cegadora,
Egoísta, injusta, con lo que ocurre afuera,
Tengo a veces un deseo repentino de amor
Y contemplo mi casa como quien contempla el frío
Adueñarse de los muebles y la madera.
Tengo a veces un deseo innato
De que se vaya la luz y recogerme en el lecho,
Y una esperanza amarga
Cuando el camino se cierra,
Cuando la llama se apaga,
Y sin embargo cuantos doses, cuantos números en línea recta,
En las líneas de la espada
En el filo negro,
Para ir y caminar de paso en paso empuñando un arma,
Hacia la batalla injusta del absurdo.
(Perdonen la tristeza)
Será otra nube, otro animal, otro bosque,
El que libere la música atrapada en el ruido
Y verlo todo desde fuera, como en una pantalla,
Una tierra sin fondo
Donde todo lo que ha existido
Da círculos eternos en el vacío,
Y despertar de un duro letargo y un sueño
Y ver a un Dios convencido,
En una mesa siendo diseccionado por los hombres que lo crearon,
Y ver las rosas y las flores
Hundidas en el fango negro,
Y los caballos aturdidos cabalgando en la noche
Buscando el alba y la colina
Y encontrando solo humo, niebla y ceniza.
En la nube del desánimo,
Y los lunes y los martes y los miércoles ordenando
¡Lo primero la vida!
Tengo a veces, que se yo,
Un suspiro sin técnica,
Una ceguera contemplativa
que alimenta pajarillos en la negrura de mis dos ojos.
Tengo a veces una caverna Platónica
Una luz cegadora,
Egoísta, injusta, con lo que ocurre afuera,
Tengo a veces un deseo repentino de amor
Y contemplo mi casa como quien contempla el frío
Adueñarse de los muebles y la madera.
Tengo a veces un deseo innato
De que se vaya la luz y recogerme en el lecho,
Y una esperanza amarga
Cuando el camino se cierra,
Cuando la llama se apaga,
Y sin embargo cuantos doses, cuantos números en línea recta,
En las líneas de la espada
En el filo negro,
Para ir y caminar de paso en paso empuñando un arma,
Hacia la batalla injusta del absurdo.
(Perdonen la tristeza)
Será otra nube, otro animal, otro bosque,
El que libere la música atrapada en el ruido
Y verlo todo desde fuera, como en una pantalla,
Una tierra sin fondo
Donde todo lo que ha existido
Da círculos eternos en el vacío,
Y despertar de un duro letargo y un sueño
Y ver a un Dios convencido,
En una mesa siendo diseccionado por los hombres que lo crearon,
Y ver las rosas y las flores
Hundidas en el fango negro,
Y los caballos aturdidos cabalgando en la noche
Buscando el alba y la colina
Y encontrando solo humo, niebla y ceniza.
sábado, 13 de junio de 2015
Quien
pudiera respirar tu pelo
Hundido
en la luz del mar.
Colgabas
herraduras en el tiempo
Sobre la
llanura al caminar.
Bailabas
bajo la sombra de un árbol
Bailabas con el brillo de tu voz.
Quien
pudiera atravesar tu boca,
Es el
mecanismo de un reloj.
Están
empezando a caer gotasLlueve sobre el malecón.
Tus ojos reflejan el misterio
De quien quiso navegar
En una tierra repleta de silencio
Y decías que no había oscuridad.
miércoles, 10 de junio de 2015
6:00 Am.
Yo, en un lugar de la memoria
Respiraba un invierno helado,
Olvidado en la yerba sola,
De paso febril de la aurora
Con alas azules cantando.
Respiraba un invierno helado,
Olvidado en la yerba sola,
De paso febril de la aurora
Con alas azules cantando.
Mi ojo secaba en el recuerdo
Tan abstracto, tan firme, tan fugaz
Que el entendimiento valía poco
A su lado de incomprensible marea
De tanto caballo alado, tanta muerte,
Y tanto utensilio roto en desvanes.
Tan abstracto, tan firme, tan fugaz
Que el entendimiento valía poco
A su lado de incomprensible marea
De tanto caballo alado, tanta muerte,
Y tanto utensilio roto en desvanes.
Por eso hay un paso firme hasta ver clarear
El cielo por las manos y los rostros pintados
De una ciudad nacida junto al mar,
Los atropellados pasos de los corredores,
El perro, la sal, el agua, el café,
La radio, el coche y los tallos renaciendo
Y a lo lejos las nubes rojas y el sol asomándose.
El cielo por las manos y los rostros pintados
De una ciudad nacida junto al mar,
Los atropellados pasos de los corredores,
El perro, la sal, el agua, el café,
La radio, el coche y los tallos renaciendo
Y a lo lejos las nubes rojas y el sol asomándose.
Yo, en un lugar desde un latido
Musical, errando en la noche
Vi al soldado desconocido
Conocer su nombre perdido.
Yo solo, en la radio del coche.
Musical, errando en la noche
Vi al soldado desconocido
Conocer su nombre perdido.
Yo solo, en la radio del coche.
sábado, 6 de junio de 2015
martes, 2 de junio de 2015
Cuando los soldados de plástico
Fueron uno a uno despidiéndose,
Y las hojas y el parque de hierro
Agotado en caucho veía caer la nieve,
Regresó el sonido humano, la llama muerta,
Sin voces, ni gritos.
Y las mujeres jóvenes hablaban
Mientras que el ladrido del perro se apagó antes de llegar a su hocico.
Los cauchos, las ventanas adheridas,
Y un perfume de hielo que agotaba
Cualquier indicio de azul.
¿Dónde estábamos?
Al ver llegar la piel, al oír la escarcha tiernamente sucumbir en los charcos.
Era entonces cuando se cruzaba en tu camino,
Siempre, tan altiva, tan guardada,
Tan femenina, oxidaba los hierros que rodean la aorta,
Era entonces cuando pensabas en irte tantas veces a las montañas,
Sobrevivir y cazar,
Mirando la casa de madera construida junto al lago
Cuando te topabas con su boca, su sonido hueco
De cadenas en los columpios y de lluvia,
Y mirabas atrás y veías a la ciudad encendiendo luces de navidad,
Era un nombre de día blanco,
De una ventana cegadora el que poseía,
Un hechizo que poco a poco nos iba volviendo sombra,
Resplandeciente
Agitada, en calma, repetitiva
Era su nombre extraño poseyéndonos hasta oír la muerte
Acercarse lentamente como una habitación con porcelanas
O el pájaro gris que calla temprano.
Fueron uno a uno despidiéndose,
Y las hojas y el parque de hierro
Agotado en caucho veía caer la nieve,
Regresó el sonido humano, la llama muerta,
Sin voces, ni gritos.
Y las mujeres jóvenes hablaban
Mientras que el ladrido del perro se apagó antes de llegar a su hocico.
Los cauchos, las ventanas adheridas,
Y un perfume de hielo que agotaba
Cualquier indicio de azul.
¿Dónde estábamos?
Al ver llegar la piel, al oír la escarcha tiernamente sucumbir en los charcos.
Era entonces cuando se cruzaba en tu camino,
Siempre, tan altiva, tan guardada,
Tan femenina, oxidaba los hierros que rodean la aorta,
Era entonces cuando pensabas en irte tantas veces a las montañas,
Sobrevivir y cazar,
Mirando la casa de madera construida junto al lago
Cuando te topabas con su boca, su sonido hueco
De cadenas en los columpios y de lluvia,
Y mirabas atrás y veías a la ciudad encendiendo luces de navidad,
Era un nombre de día blanco,
De una ventana cegadora el que poseía,
Un hechizo que poco a poco nos iba volviendo sombra,
Resplandeciente
Agitada, en calma, repetitiva
Era su nombre extraño poseyéndonos hasta oír la muerte
Acercarse lentamente como una habitación con porcelanas
O el pájaro gris que calla temprano.
jueves, 28 de mayo de 2015
Se encamina a la llanura clara el juego de inmortales ruidos, de planetas torciéndose,
De miradas de espuma planeando en el aire y la lluvia,
Y de lejos vienen otros sonidos, sombras frescas, ¿La noche?
Dando a luz a tantas otras cosas, a tantos otros velos....
Luego los relojes siguen contemplando, midiendo lo que no se mide, observando lo que no se observa.
¿Habrás oído con tu canto de primavera esa transformación que huye, ese latido que el mundo tiene?
Con tu arpa llenando de vida,
Con los ciertos instantes cuando en las hojas repiquetea la lluvia,
Cuando los sonidos de los pájaros se adhieren profundamente
Como vigas enormes van cayendo al fondo de tu sequedad abismal.
¿Lo habrás oído?
Entre la injusticia resucitando, entre colores apáticos del día,
Entre sombras brillantes como el lomo de los metales, en los humos,
En las cartas selladas bajo juramento,
En los ruidos angustiantes de las muchedumbres,
Cuando se piensa que en el mejor de los casos es mejor pensar no haber nacido,
¿Habrás oído a las cosas moverse?
A los castillos de arena jugados entre las rocas,
A los manantiales de un alma antiquísima escondida en los bosques,
O el retroceso de los panteones más oscuros y las llamas más negras.
¿Habrás olido el olor de la pureza en los ríos?
En la mano del que no tiene mano
y en el pie del cojo
¿Habrás oído una llama azul en un periódico de arena?
¿Dime lo habrás oído?
De miradas de espuma planeando en el aire y la lluvia,
Y de lejos vienen otros sonidos, sombras frescas, ¿La noche?
Dando a luz a tantas otras cosas, a tantos otros velos....
Luego los relojes siguen contemplando, midiendo lo que no se mide, observando lo que no se observa.
¿Habrás oído con tu canto de primavera esa transformación que huye, ese latido que el mundo tiene?
Con tu arpa llenando de vida,
Con los ciertos instantes cuando en las hojas repiquetea la lluvia,
Cuando los sonidos de los pájaros se adhieren profundamente
Como vigas enormes van cayendo al fondo de tu sequedad abismal.
¿Lo habrás oído?
Entre la injusticia resucitando, entre colores apáticos del día,
Entre sombras brillantes como el lomo de los metales, en los humos,
En las cartas selladas bajo juramento,
En los ruidos angustiantes de las muchedumbres,
Cuando se piensa que en el mejor de los casos es mejor pensar no haber nacido,
¿Habrás oído a las cosas moverse?
A los castillos de arena jugados entre las rocas,
A los manantiales de un alma antiquísima escondida en los bosques,
O el retroceso de los panteones más oscuros y las llamas más negras.
¿Habrás olido el olor de la pureza en los ríos?
En la mano del que no tiene mano
y en el pie del cojo
¿Habrás oído una llama azul en un periódico de arena?
¿Dime lo habrás oído?
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