martes, 7 de junio de 2016

Te he retratado
en un alcance de vasija de barro,
dentro del dibujo en sus grietas.
Te he retratado
a través del cielo o la palabra,
a través del Madrid marcado en un libro
que ensambla tu temible latido
con un aspersor ciego,
 la realidad con la superficie de un abismo,
la pintura de todas tus manos
y la piel que se desgarra.

Se puede volver espesa la boca,
cómo explicarlo…
te he acariciado la cara
sin haberte visto,
he repasado todos tus labios,
te he leído entera,
tus surcos, tus desvelos,
yo también he visto el alba, tu alba
y he dormido muy cerca de todos tus dolores
y también, sí, de todos tus bailes,
he dormido y he abrazado tu flor y tu nube negra,
tu juventud y tu  aprendizaje,
y te escribo
como si escribir fuese un acto
y no una simple forma donde decir
que ya te había vivido.

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