Es un invierno incontrolable,
la noche brota contigo.
Las chimeneas calientan el cielo
y yo no soy nadie.
Busco,
busco,
pero he perdido el lugar sin nombre.
Miro un ángel resplandecer
sobre la cornisa de la lágrima,
de la lluvia y el polvo,
del fuego y el aire.
Te he visto cruzar por mi autopista invernal
a través del ojo derecho;
las líneas que se dibujan en la vejez del ángel
son los agujeros por los que transitamos de noche,
son el rostro que da sentido a las cosas,
pero el ángel es mayor
y se ha vuelto un invierno incontrolable
que momifica la tristeza.
Por eso tú, has cruzado mi autopista invernal,
como siempre que alguien cruza y deja huella en la nieve.
El cielo está claro y frío.
La noche huele a leña.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
domingo, 6 de diciembre de 2015
Solicito un vaso de agua hervida.
Quiero preparar un pozo blanco
que me distraiga y me ame,
una cuchilla y una gota de sangre
en un vaso de agua hirviendo
sobre el que hundir la manzanilla.
Me he quemado la lengua
y he soportado el filo sobre la piel,
y sobre la piel tus manos
y sobre tus manos mi sangre.
Después me he adentrado con espasmos,
en el interior de una cuerda,
la cuerda que atraca el sobre de manzanilla
y reparte hojas en el interior del pecho,
la que cambia el volumen del agua en la madera.
He cogido un teléfono y he llamado
a ningún sitio,
después me he ido a la bahía con la cuerda,
la cuchilla, el vaso blanco,
la silla que encontré en la basura,
el payaso que pedía en la calle,
la flor que perdía sus hojas
para aliviar el estómago del enamorado
y el mal color del suicida,
y he relacionado los pétalos con la sangre
el pacto de amistad con cada flor que cae.
Marchita la hoja,
alivia dolores.
Las monjas las repartían a niños caraduras
que fingían dolor de estómago.
He contemplado el vaso de agua hirviendo
y el camarero mascar chicle.
Con el brazo sobre la barra
imagino lo absurdo que sería mi suicidio
martes, 24 de noviembre de 2015
Te has detenido en el interior de un paraíso en la memoria.
A través de las horas tus ríos suenan desde un celeste campo de invierno
mientras que los trenes que nos conducen lentamente hacia el silencio y el olvido,
nos empañan con si un hilo de humo negro brotase de nuestras gargantas.
Los perros ladran violentos entre la oscuridad del relámpago y el beso de la laguna,
ladran y ladran porque recuerdo la hora en que sintieron miedo mis ojos.
De mi piel y de mis manos brotaban caracoles rojos sobre la escarcha,
de mi cabeza y de mi nuca escarbaba fría la noche a través del cráneo gris,
la cara se me envolvía en un profundo fantasma de hierro que tristemente sonreía.
Pero hoy te has detenido en el interior de un paraíso en la memoria,
hoy los peces se reflejan a través del agua y nadan por dentro del lago;
de un lugar a otro, nadan, miran a la luna reflejarse lenta sobre la superficie
tratan de mordisquearla dibujando ondas en el interior de su palidez.
Desde el abismo en el que se sostienen la profundidad grita
pero ellos buscan la ebriedad humilde que se posa en lo pequeño.
A través de las horas tus ríos suenan desde un celeste campo de invierno
mientras que los trenes que nos conducen lentamente hacia el silencio y el olvido,
nos empañan con si un hilo de humo negro brotase de nuestras gargantas.
Los perros ladran violentos entre la oscuridad del relámpago y el beso de la laguna,
ladran y ladran porque recuerdo la hora en que sintieron miedo mis ojos.
De mi piel y de mis manos brotaban caracoles rojos sobre la escarcha,
de mi cabeza y de mi nuca escarbaba fría la noche a través del cráneo gris,
la cara se me envolvía en un profundo fantasma de hierro que tristemente sonreía.
Pero hoy te has detenido en el interior de un paraíso en la memoria,
hoy los peces se reflejan a través del agua y nadan por dentro del lago;
de un lugar a otro, nadan, miran a la luna reflejarse lenta sobre la superficie
tratan de mordisquearla dibujando ondas en el interior de su palidez.
Desde el abismo en el que se sostienen la profundidad grita
pero ellos buscan la ebriedad humilde que se posa en lo pequeño.
Aquí, existe un hombre,
un hombre viejo y cansado
que mira a la carretera.
Lo veo sentado en el parque,
y habla con otro hombre.
Sus rostros están bañados por la desidia y la demencia.
Apoyan sus manos sobre el bastón.
Hablan y no hablan,
con esa forma de asentir,
de decir, sí, será,
y después callan.
Un vocabulario desplazado y confuso,
junto a la pintada negra de un spray
en el corazón de un árbol.
No se preguntan nada.
El pasado los ha ido borrando
prácticamente hasta la inexistencia.
Que dirá madre, que dirá padre,
después hablan del campo,
del gobierno, de la tele.
Una señora se acerca y pronuncia un nombre:
-Honorio
-¿Dónde ha estado toda la tarde?
Él la mira mientras alza la mano para tapar el sol;
y ve una sombra;
pero sus manos no hablan,
su boca, carece de memoria.
un hombre viejo y cansado
que mira a la carretera.
Lo veo sentado en el parque,
y habla con otro hombre.
Sus rostros están bañados por la desidia y la demencia.
Apoyan sus manos sobre el bastón.
Hablan y no hablan,
con esa forma de asentir,
de decir, sí, será,
y después callan.
Un vocabulario desplazado y confuso,
junto a la pintada negra de un spray
en el corazón de un árbol.
No se preguntan nada.
El pasado los ha ido borrando
prácticamente hasta la inexistencia.
Que dirá madre, que dirá padre,
después hablan del campo,
del gobierno, de la tele.
Una señora se acerca y pronuncia un nombre:
-Honorio
-¿Dónde ha estado toda la tarde?
Él la mira mientras alza la mano para tapar el sol;
y ve una sombra;
pero sus manos no hablan,
su boca, carece de memoria.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Hoy es noviembre
y me gustaría
saber qué tal te encuentras,
contarte,
que he dibujado tu nombre
en el
interior de una galería de arte.
Preguntarte
por tus padres, tus amigos
hace ya
tiempo que no se de eso.
Hoy he
caminado por la ciudad
y las
tiendas estaban cerradas,
he
visto el bar donde un día jugamos al ajedrez
mientras
tú me mirabas,
y donde después
me diste la mano.
Cuando llegamos al coche hicimos el amor,
tu pelo y tu piel aún se respiran.
Hoy es
noviembre
y ya ha
pasado tiempo;
te he
visto con el abrigo de tu abuela
alguna vez,
en el mismo cruce
pero ya
te cuesta saludar.
Hoy es
Noviembre y solo es eso.
jueves, 29 de octubre de 2015
¿Como deshacerse del olvido?
Permanecer enjuagados
sin caer en el apático muro que nos sitia lentamente.
¿Como no caminar hacia la violencia del rayo?
¿Como no huir de la mordedura de la tierra?
si en el momento de nuestra muerte
un sacerdote nos dicta descanse en paz,
Y yo no quiero paz,
yo quiero reacción en cadena;
y huir, huir, sin respirar oxígeno,
huir hacia arriba, hacia el lugar del helio,
escapar del atomo carcomido
y que la lluvia me atraviese,
que las palmas me enseñen un baile caótico;
quiero extasiarme hasta el dardo humilde de la flor y el vientre,
quiero ser predicador de la noche nerviosa,
y el ruido de la rama quebrada por dentro del bosque.
¿Como no adorar la tristeza de un cuerpo desnudo?
si los copos de nieve
nos susurran que estamos aguantando como bestias a través de la piel.
Como no presentir el lugar opuesto,
y la reacción contraria,
si yo habito en ti,
y te voy encendiendo como un crepuscular llanto de estrella
y yo corro y tu me sigues
y tu corres y yo te sigo, hasta el final de la montaña.
Permanecer enjuagados
sin caer en el apático muro que nos sitia lentamente.
¿Como no caminar hacia la violencia del rayo?
¿Como no huir de la mordedura de la tierra?
si en el momento de nuestra muerte
un sacerdote nos dicta descanse en paz,
Y yo no quiero paz,
yo quiero reacción en cadena;
y huir, huir, sin respirar oxígeno,
huir hacia arriba, hacia el lugar del helio,
escapar del atomo carcomido
y que la lluvia me atraviese,
que las palmas me enseñen un baile caótico;
quiero extasiarme hasta el dardo humilde de la flor y el vientre,
quiero ser predicador de la noche nerviosa,
y el ruido de la rama quebrada por dentro del bosque.
¿Como no adorar la tristeza de un cuerpo desnudo?
si los copos de nieve
nos susurran que estamos aguantando como bestias a través de la piel.
Como no presentir el lugar opuesto,
y la reacción contraria,
si yo habito en ti,
y te voy encendiendo como un crepuscular llanto de estrella
y yo corro y tu me sigues
y tu corres y yo te sigo, hasta el final de la montaña.
lunes, 26 de octubre de 2015
No quiero servir de pasto en la noche larga.
He contemplado el retorno de los habitantes
que enmudecen bajo las cortinas
y el velo de un animal mágico dentro de un cuadro;
animales rodeados de fragancias,
de claridad,
de luz extraña.
He contemplado el retorno de los habitantes
que enmudecen bajo las cortinas
y el velo de un animal mágico dentro de un cuadro;
animales rodeados de fragancias,
de claridad,
de luz extraña.
Te llevaban hasta dentro de su mano
y en ella veías un halcón
que se posaba entre la imagen real y tu mente.
Había un bosque dentro de un reloj
por el que paseaban animales que vertían otros animales
y así sucesivamente,
y en el centro de ese reloj
un árbol enorme se detenía ante tu vista.
He visitado un sillón por el que las enredaderas
cubrían las almohadas,
y en cada pasillo una hora se repetía,
sucesivamente,
sucesivamente,
de forma que en cada habitación
un momento de tu vida quedaba reflejado en un espejo.
Después,
he salido a la calle y he visto
un perro y una tienda de libros,
una plaza y el mar enfrente,
pero desde mí,
con un sentimiento de pérdida,
como si la noche se hubiese posado
y yo solo, desde una montaña
viese a los hombres vagar inútilmente;
ciertos lugares me sirven de refugio,
y cuando todo esté cerca de la noche estricta,
cuando todo se sirva en forma de reflejo,
seré un cuenco vacío
por el que habrán resbalado como gotas
los espejos de una casa escondida dentro de un reloj gigante.
y en ella veías un halcón
que se posaba entre la imagen real y tu mente.
Había un bosque dentro de un reloj
por el que paseaban animales que vertían otros animales
y así sucesivamente,
y en el centro de ese reloj
un árbol enorme se detenía ante tu vista.
He visitado un sillón por el que las enredaderas
cubrían las almohadas,
y en cada pasillo una hora se repetía,
sucesivamente,
sucesivamente,
de forma que en cada habitación
un momento de tu vida quedaba reflejado en un espejo.
Después,
he salido a la calle y he visto
un perro y una tienda de libros,
una plaza y el mar enfrente,
pero desde mí,
con un sentimiento de pérdida,
como si la noche se hubiese posado
y yo solo, desde una montaña
viese a los hombres vagar inútilmente;
ciertos lugares me sirven de refugio,
y cuando todo esté cerca de la noche estricta,
cuando todo se sirva en forma de reflejo,
seré un cuenco vacío
por el que habrán resbalado como gotas
los espejos de una casa escondida dentro de un reloj gigante.
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